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Hoy hablamos episodio 2199 propósitos de año Nuevo Bienvenido a Hoy Hablamos, el podcast para aprender español cada día.
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Este es el primer lunes de enero y también el primer lunes del añ Año nuevo, vida nueva.
Espero que estés motivado con el inicio del año, porque durante este mes hablaremos de esa motivación del nuevo año para hacer cambios en nuestra vida.
Estamos en esa época rara del año, esa especie de limbo entre la Navidad y el inicio del año.
Y ahora empezamos el 2026, un nuevo año, y miramos al futuro con ilusión, con esperanza y con una lista de cosas que queremos cambiar.
Y como sabes que es un tema que me gusta mucho, todo lo relacionado con propósitos, hábitos y y lograr objetivos, vamos a dedicar el tema del mes a esto.
Hoy hablaremos de por qué nos ponemos propósitos y qué suele fallar cuando lo hacemos.
El problema es que te has planteado el cambio de una forma que casi garantiza el fracaso.
Lo único especial es que solemos celebrarlo con familia o amigos, pero al día siguiente el mundo sigue igual y tú eres la misma persona.
Por qué sentimos que el primero de enero es un punto de inflexión por lo que se conoce como el efecto del nuevo comienzo o el cierre de ciclo.
Los seres humanos necesitamos dividir la vida en etapas, y los años del calendario son unas divisiones más claras que tenemos.
Por eso, cuando empieza un nuevo año estamos más motivados y más abiertos al cambio.
De hecho, es más probable que cumplas un objetivo si empiezas en enero que en cualquier otro momento del año.
Usar ese impulso inicial para arrancar, para empezar, para dar los primeros pasos.
Siempre llega un punto en el que vamos perdiendo la motivación o tenemos altibajos.
Por eso, además de motivación, necesitamos estructura, hábitos y un plan realista.
Lo que sí tenemos que tener claro desde ya es que aunque empiece un nuevo año, tú sigues siendo la misma persona.
Sigues siendo la misma persona que hace unos días, con los mismos hábitos y seguramente con los mismos problemas.
La fecha puede ayudarte a empezar, Claro, Te da ese empujón, esa sensación de ahora sí.
Pensamos algo así vale, ahora estoy cansado, ahora me da pereza, ahora no tengo tiempo.
El yo de enero se levantará temprano, comerá sano, entrenará con disciplina, estudiará todos los días.
Tu yo del futuro se construye con las acciones del presente, no con las intenciones.
No hay un interruptor que se active en enero y te convierta automáticamente en alguien más disciplinado o más constante.
¿Por eso, en lugar de delegar el esfuerzo en ese yo del futuro, lo más inteligente es qué versión mínima de ese cambio puedo empezar hoy?
Y aquí entramos en un tema clave cuando queremos cambiar nuestros hábitos y cumplir nuevos la identidad.
Muchas veces creemos que un propósito es solo una acción o un há voy a hacer ejercicio, voy a comer mejor, voy a dejar de fumar.
Por ejemplo, si tú llevas años viéndote como una persona poco constante, una persona caótica, una persona que siempre deja todo a medias, cuando decides cambiar no solo estás cambiando un hábito, estás poniendo en duda quién eres, estás cambiando tu identidad.
Por eso hay personas que empiezan el año con mucha fuerza pero abandonan a las pocas semanas.
No porque no quieran cambiar, sino porque aparece una vocecita interior que tú no eres así, esto no es lo tuyo, tú siempre has sido de otra manera.
Usamos esa frase yo soy así para justificar esos malos hábitos que tenemos y que querríamos cambiar.
Definirte de esa forma te ancla a esa identidad y es una forma de decirte a ti mismo que no puedes cambiar.
Porque una cosa es decir me he dejado llevar por la pereza y otra muy distinta es yo soy perezoso.
En la primera hablas de una conducta, de un comportamiento que tuviste un momento concreto.
Y cuando un comportamiento se convierte en identidad, cambiarlo es mucho más difícil.
Si te convences de que no puedes cambiar, te quitas presión, te quitas culpa y te quitas responsabilidad.
Es más fácil decir que eres de cierta forma y que no puedes cambiar, que reconocer que podrías cambiar.
Si reconoces que ese hábito se puede cambiar, ahí ya aceptas que está en tu mano cambiarlo.
Por ese motivo, algo importante para conseguir los propósitos es cambiar ese autodiálogo, cambiar la mentalidad.
Y lo que nos interesa hoy es ver la diferencia entre motivación extrínseca e intrínseca.
Por ejemplo, hacer deporte para tener un cuerpo que alaben los demás o para recibir la aprobación de los demás.
Cuando no ves resultados, cuando nadie te aplaude, cuando no hay recompensa inmediata, esa motivación desaparece rápidamente.
Haces algo porque te gusta, porque te hace sentir bien, porque conecta con tus valores, porque es algo importante para ti.
Y esta motivación, aunque a veces es más difícil de encontrar, es mucho más estable a largo plazo.
Muchos propósitos fracasan porque se apoyan principalmente en la motivación extrí queremos el resultado, pero no el proceso, queremos estar en forma, pero no entrenar, queremos hablar otro idioma, pero no dedicarle tiempo.
Así que, oyente, cuando te pongas tus propósitos, piensa en el porqué, en los motivos por los que quieres conseguir eso, e intenta que sea una motivación interna que dependa de ti.
Ahora voy a madrugar, hacer deporte cinco días a la semana, comer perfecto, leer todos los días, meditar, etc.
Realmente ojalá pudiéramos cambiar todo eso en un año e implementar todos esos buenos hábitos.
Seguramente algunas personas logren hacer un cambio tan grande, no digo que no, pero es una excepción.
Esa idea suele acabar en frustración porque cuando fallas en una de esas cosas aparece el pensamiento ya está, lo he estropeado todo y abandonas.
Por ejemplo, cuando empecé a hacer deporte de forma más o menos seria hace unos años no podía hacer ni siquiera una dominada.
Pero me llevó varios años llegar a este punto y nunca tuvo momento de ahora sí que estoy en forma.
Y ese es el cambio duradero y eficaz es repetir lo mismo muchos días seguidos, incluso cuando cuando no apetece.
Elige unos pocos objetivos, los mínimos posibles, y ponte objetivos realistas y alcanzables.
Te empuja un día, te hace reaccionar, te da ese pequeño golpe de energía para ponerte las pilas.
Si siempre te culpas y te fustigas cuando fallas, acabas asociando el cambio con una sensación negativa.
Y cuando cambiar se vive como un castigo, el cuerpo y la mente buscan escapar de eso.
Fallar no significa que hayas retrocedido a la casilla de salida o que hayas fracasado.
La diferencia está en lo que haces después, si usas el fallo como excusa para abandonar o lo aceptas como parte del proceso y sigues adelante a pesar de haber fallado.
Porque el cambio real no nace de la culpa, sino de la paciencia y de la capacidad de volver a empezar sin machacarte por los errores cometidos.
Podemos aprovechar un momento en el que estamos más motivados y más abiertos al cambio.
Como hemos visto en este episodio, el problema con los propósitos suele ser cómo nos planteamos ese cambio.
Idealizamos al yo del futuro, nos exigimos demasiado, nos apoyamos solo en la motivación externa y nos castigamos cuando fallamos.
El cambio no necesita ser radical ni perfecto, necesita ser realista, gradual y bien planteado.
Veremos cómo crear un plan sencillo y eficaz para que tus propósitos no se queden solo en buenas intenciones, sino que se conviertan en hábitos que puedas mantener durante el año.
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