This transcript has been generated automatically.
Hoy hablamos episodio 2212 cómo mantener el propósito durante el año Bienvenido a Hoy Hablamos, el podcast diario para aprender español.
Puedes escuchar el catálogo completo si te haces suscriptor premium en hoyablamos.
Ya estamos en el último episodio del tema del mes que hemos dedicado a los propósitos de año nuevo.
Hemos hablado sobre cómo ponernos objetivos y cómo hacer un plan para cumplir esos objetivos.
Hoy terminamos esta serie hablando sobre cómo mantener ese propósito durante el año, cómo seguir trabajando en ello a pesar de los posibles problemas y obstáculos que nos podamos encontrar.
Empiezas el año muy motivado, te pones varios objetivos, pero después de unas pocas semanas o un par de meses dejas de trabajar en tus nuevos propósitos y fracasas.
Perdiste la motivación, perdiste las ganas de conseguir eso y después de un tiempo te empezó a resultar demasiado difícil o te exigía demasiado esfuerzo y decidiste dejarlo.
Hoy veremos algunas ideas para intentar que este año sea diferente, que no te pase eso.
Para empezar tenemos que ¿Por qué abandonamos los propósitos después de unas pocas semanas o meses?
Yo creo que la principal razón es porque perdemos esa gran motivación que teníamos al principio.
Viene del ambiente, de los mensajes que vemos en redes sociales, de la idea de año nuevo, vida nueva.
El problema es que esa motivación, de la misma forma que llega rápido, también se va rápido.
Cuando pasan las primeras semanas de enero y la vida vuelve a la normalidad, esa energía inicial desaparece y eso hace que requiera más esfuerzo hacer esas cosas que al principio te requerían menos esfuerzo.
Y aunque no vas a perder la motivación por completo, la motivación después de unas semanas ya no es constante.
Unos días te levantas con energía, con ganas de comerte el mundo, pero otros días simplemente no te apetece nada trabajar en tu objetivo.
Y en esos días en los que estás más apático es cuando no cumples tu pequeño objetivo del día.
Entonces entras en un círculo vicioso y es cuestión de tiempo que abandones por completo tu propósito.
Lo primero es que no puedes esperar a tener ganas o a estar motivado para hacer tus tareas o tu objetivo del día.
Eso es un error, porque esas ganas aparecen y desaparecen según el cansancio, el estrés o el estado de ánimo.
Si tu propósito depende sólo de la motivación, está condenado a fallar tarde o temprano.
Por eso, lo que de verdad mantiene un propósito no es la motivación, sino cosas mucho más simples y menos emocionantes.
En lugar de esperar a estar motivado para hacer algo, simplemente haz lo que tienes que hacer aunque no te apetezca, aunque te dé pereza, aunque no quieras hacerlo.
Tú puedes ver al típico famoso que hace muchos cambios en su vida y pensar que es una persona con una gran motivación, pero seguramente es una persona que se sacrifica y hace las cosas aunque no esté motivado.
Como consejo práctico, te recomiendo practicar la habilidad de hacer cosas aburridas, complicadas o tediosas aunque no quieras hacerlas, aunque no tengas ningunas ganas de hacerlo.
Al principio es complicado, pero es algo que se puede lograr cuando tendría que hacer esto, pero no tengo ganas, no me apetece, me da mucha pereza.
Cuando repitas eso varias veces, descubrirás una especie de poder secreto dentro de ti.
Sí, suena un poco raro esto, pero cuando te das cuenta de que puedes ponerte a hacer cosas a pesar de no tener ganas de hacerlo, es como que te sientes un poco más libre.
Por ejemplo, te voy a contar un hay días en los que no me apetece grabar este podcast.
Así es, no todos los días tengo las mismas ganas de grabar y hay veces en las que me da pereza, estoy desmotivado o tengo cualquier emoción negativa que me dificulta el trabajo, pero lo hago porque es mi deber desde fuera.
Seguro que muchas personas roi siempre está muy motivado porque lleva 9 años grabando el podcast cada día y seguro que es su pasión y ya no requiere esfuerzo grabar.
Pues no es así, querido amigo, me gusta mi trabajo, pero hay días en los que no me gusta.
Esos días en los que no me apetece, tengo que intentar apagar el cerebro y no pensar en la tarea.
Siguiendo con los motivos por los que muchas personas no cumplen sus propósitos, otro error muy común es marcarse objetivos demasiado ambiciosos.
Por eso, si llega un punto en el que estás abrumado porque querías cambiar muchas cosas pero ves que no das abasto, intenta replantear tus objetivos y piensa en qué quieres priorizar.
También muchos propósitos fracasan porque no hay un sistema detrás, no hay un plan.
Todo depende del ánimo, de las ganas, de la motivación que hemos comentado antes.
Pero como decía Mike Tyson, todo el mundo tiene un plan hasta que recibe el primer golpe en la cara.
Diseñas un plan detallado sobre qué días vas a hacer deporte, te apuntas al gimnasio, ya sabes qué vas a hacer, qué rutina vas a tener, la progresión que quieres tener, etc.
Pero luego llega la primera semana y solo ha sido una vez al gimnasio en lugar de las 4 veces que te habías propuesto, o quizá si has cumplido el plan las primeras semanas.
Pero después de unas semanas te cuesta cumplir el plan y empiezas a bajar la frecuencia con la que vas al gimnasio.
Hasta que finalmente solo te acuerdas de que tenías este objetivo el día que te pasan el recibo del gimnasio porque no ha sido en todo el mes.
Esto ocurre porque es muy fácil escribir un plan en un papel, pero es más difícil ejecutarlo.
Esto es como las empresas cuando hacen sus previsiones de ingresos para el próximo año, o los gobiernos cuando cuando calculan lo que va a crecer el PIB en los siguientes años siempre son muy optimistas.
Porque una cosa es prever y planificar y otra cosa muy distinta es cómo se desarrolla la vida real.
Siguiendo con frases así célebres, John Lennon decía que la vida es eso que pasa pero mientras estás haciendo otros planes.
Aunque esta frase se refiere a que nos olvidamos de vivir el presente pensando siempre en los planes futuros.
A mí también me gusta usarla para hablar de la diferencia entre planear un cambio en tu vida y llevar a cabo ese cambio.
El plan es útil, pero lo realmente útil es la información que vas obteniendo cada semana que intentas cumplir tu plan.
Responde con calma diferentes preguntas hasta encontrar los puntos en los que falla tu plan.
Muchas personas cuando no cumplen el plan se enfadan consigo mismas, se frustran y abandonan.
La clave es que intentes entenderte mejor y ver lo que puedes cambiar para que sea más probable que cumplas tus objetivos.
Revisa y adapta el plan a tu vida real, no a la vida ideal que tenías en la cabeza cuando lo escribiste en enero.
Tal vez el objetivo era demasiado grande, tal vez el ritmo era demasiado rápido o tal vez no encaja bien con tu momento actual.
Si ves que no puedes hacer deporte cuatro veces por semana, quizá puedes empezar con dos.
Si querías estudiar español una hora al día y no lo estás cumpliendo, quizás mejor estudiar 15 o 20 minutos, pero todos los días.
Por eso una buena regla es una que ya te he comentado en el anterior no encadenes dos abandonos seguidos.
Por último, otro consejo para no abandonar tu propósito a lo largo del año es tener cuidado con el perfeccionismo.
A veces querer hacer todo de forma perfecta puede ir en contra de nuestros planes.
Pues porque cuando te obsesionas mucho con hacerlo todo perfecto, en el momento en el que algo no va bien, te frustras mucho porque te obsesionas con lo que te falta por hacer o con lo que no has cumplido de tu plan.
Y claro, como luego no eres capaz de seguir tu plan de forma perfecta, ves ese objetivo como imposible de conseguir y lo dejas todo, lo abandonas.
Y es triste porque es como querer conseguir la máxima nota en un examen, un 10, y acabar sacando un 0 porque debido a la presión que te habías puesto a ti mismo no te has presentado al examen.
Es mejor estudiar español el 70 de los días del año de forma imperfecta que hacerlo perfectamente durante unas semanas y luego abandonar.
Es mejor ir al gimnasio tres veces por semana durante todo el año, aunque algunos días no te apetezca y no des el máximo, que ir todos los días durante un mes como una rutina perfecta y luego dejarlo porque no puedes mantener ese ritmo.
El perfeccionismo también nos hace compararnos con otros o con una versión idealizada de nosotros mismos.
Ves a alguien en redes sociales que parece cumplir sus objetivos a la perfección y yo debería ser así.
Quizás solo sube fotos los días que cumple su objetivo, pero cuando no lo cumple no dice nada.
Así que Oyente, date permiso para ser imperfecto, date permiso para tener días malos, para fallar de vez en cuando, para no alcanzar el ideal que tenías en mente.
Lo que realmente importa es que después de fallar, porque vas a fallar, créeme, lo que importa es que vuelvas a intentarlo.
Esa es la verdadera clave del éxito, no la perfección, sino la constancia imperfecta.
Recuerda que puedes hacerte suscriptor premium para escuchar el catálogo completo del podcast y el podcast premium de los viernes.