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Hoy hablamos episodio 2227 greenwashing bienvenido a Hablamos, el podcast para aprender español cada día.
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Hay una frase muy conocida que no dejes que la realidad te estropee una buena historia.
Pues de verdades encubiertas por empresas para vender una buena historia o su producto es de lo que vamos a hablar en el episodio de hoy.
Hace unos años iba por la calle y me llamó la atención un cartel que anunciaba una escuela de modelos.
Quizá porque ese simple lema, que seguramente pretendía ser ingenioso, encerraba mucha más verdad de lo que parecía a simple vista.
Y es que si lo piensas bien, parte de las estrategias de ventas o de marketing de algunas empresas no consisten en mostrar la realidad tal cual es, sino en proyectar una imagen cuidadosamente construida de lo que creen que les hará triunfar.
Solo hay que darse una vuelta por tiendas o por perfiles de redes sociales para comprobarlo.
Cuando llega el día Internacional del Orgullo LGTB, todo se llena de banderas arcoíris.
Sin embargo, no todas esas empresas realmente defienden los derechos de esos colectivos el resto del año, pero ese día se suman a la celebración para quedar bien de cara al público.
Esto se ve de forma muy clara con el tema del medio ambiente y la sostenibilidad.
Se me ocurrió hablar de este tema cuando fui una tienda de fast fashion donde vendían ropa muy barata y me fijé que todas las etiquetas de la ropa ponían cosas de que eran ecológicas o que llevaban no sé qué certificación ecológica o sostenible.
Y mucho menos el sector de la fast fashion que se basa en que los clientes cambien de ropa continuamente.
Muchas empresas se apresuran a colocarse la etiqueta de sostenible aunque en la práctica no lo sean en absoluto.
Precisamente de esto de aparentar ser sostenible sin serlo realmente es de lo que vamos a hablar hoy.
Y es que este término hace referencia a las estrategias de marketing de algunas compañías que pretenden mostrar que son sostenibles de cara al consumidor, pero en realidad no lo son.
Me vas a permitir que me ponga un poco literario oyente y te dé una definición un poco más poética que dio el emprendedor, ambientalista y activista Paul Hawken.
Él dijo que el greenwashing es la construcción de una ciudad global esmeralda en la que todas las cosas irradian una tonalidad verde que hace sentir bien al consumidor que compra felizmente mientras canturrea las canciones favoritas de sus empresas.
Estamos en un mundo donde la mayoría de la población está cada vez más preocupada por el medio ambiente y el impacto que nuestros actos cotidianos tienen en él.
Y esto lo aplicas a todas tus compras, desde la comida o la ropa hasta las empresas de servicios.
Por supuesto no todas las empresas hacen greenwashing, muchas sí que han entendido que la sociedad quiere este cambio y muchas empresas toman una responsabilidad real y toman medidas para que sus productos sean ecológicos y lo explican en sus productos o en su publicidad.
Lo que nos interesa hoy y lo que se critica son las empresas que realmente no son sostenibles, pero dicen que sí lo son.
Quizá no son sostenibles porque no quieren gastar tanto dinero, ya que ser sostenible suele tener más costes que no serlo, o quizá no son sostenibles porque realmente su sector no es nada sostenible.
El ejemplo de si te dedicas a la fast fashion, un sector donde se gana dinero haciendo que el consumidor compre la mayor cantidad de ropa posible en el menor tiempo posible, estás en un sector que directamente no es sostenible.
Entonces este tipo de empresas no toman ninguna medida real de sostenibilidad, pero envuelven sus productos en el envase de la sostenibilidad con el único fin de vender más apelando a la conciencia de los consumidores y capitalizando de manera poco moral la preocupación real de los consumidores.
Además, nosotros como consumidores entendemos la sostenibilidad o el ser eco como un plus de esfuerzo por parte de las empresas y por eso no nos importa pagar más por esos productos.
Y evidentemente las empresas que hacen greenwashing lo hacen para vender más y ganar más dinero.
Tal y como podemos leer en un estudio de la Comisión Europea, el 80 de las páginas web, tiendas online o anuncios llevan hoy día algún tipo de reclamo o mensaje que hace referencia a lo medioambiental.
Pero según informe de la Red de Cooperación para la Protección del consumidor, el 42 de estos reclamos eran dudosos y más de la mitad no daban la información suficiente para poder comprobar si eran ciertos o no.
Fíjate en los datos con respecto a nosotros, los consumidores y nuestra relación con los productos etiquetados como sostenibles.
Tal y como expone un estudio de la Unión Europea, un 72 de los españoles dicen que los certificados ecológicos y sociales les influyen positivamente a la hora de comprar.
Pero atento, porque los consumidores somos menos tontos de lo que parecemos, ya que este mismo estudio dice que tan solo el 56% de los potenciales compradores confía en los reclamos sostenibles que aparecen en los productos.
Utilizar términos ambiguos y vagos pero asociados a la sostenibilidad, ecoamigable, sostenible, consciente, orgánico o cuidado del planeta.
Uso de una paleta de colores asociados a lo ecológico como el verde e imágenes de animales o paisajes naturales.
Por ejemplo, BP, empresa dedicada al petróleo y al gas natural, utiliza el color verde como color corporativo.
En España, la empresa de energía Iberdrola también utiliza el verde y otra empresa de energía, Naturgy, tiene como logo una mariposa.
Yo no digo que estas empresas no sean sostenibles, realmente no estamos aquí para acusar a nadie, pero este tipo de cosas son ejemplos de posibles estrategias para asociarlas a la sostenibilidad.
Pueden ser certificados falsos, puede ser que esos certificados hagan referencia a una parte mínima de todo el proceso que implica su producción, por lo que serían engañosos, o puede que los certificados estén emitidos por empresas amigas o colaboradoras.
Un ejemplo interesante es el sello Better Cotton, muy utilizado en la industria de la moda, aunque promueve prácticas más sostenibles.
Una vez más no acuso a nadie porque no he investigado ese sello, pero podría ser un caso de greenwashing.
Una industria poco sostenible crea un sello para promover algunas prácticas más sostenibles.
Y aunque está bien que sean más sostenibles, también sirve como lavado de cara de una industria que por su propia definición no es sostenible.
Si tú pones en tu producto, por ejemplo, un 15% menos de plástico, pero no aportas ningún dato para verificarlo, ese dato puede habérselo inventado cualquiera en la empresa o puede haber sido tergiversado o manipulado.
Técnicas dilatorias y de distracción que tienen que ver con objetivos para el futuro.
Por ejemplo, muchas empresas se comprometen a reducir sus emisiones en los próximos 10 o 20 años y están muy bien este tipo de promesas, pero el problema de las promesas es que si luego no se cumplen nadie se acuerda, pero porque son planes muy a largo plazo.
Pero en el momento que haces la promesa sí que pareces una empresa muy sostenible.
Haces una rueda de prensa, haces anuncios y ganas popularidad como empresa sostenible.
Así que simplemente publicas un nuevo plan de sostenibilidad y haces nuevas promesas para el futuro.
La realidad es que las empresas se están tomando más en serio la protección del medio ambiente porque lo exigen los consumidores, pero aún así sigue habiendo empresas que hacen greenwashing y exageran sus esfuerzos.
Este concepto se hizo popular en el año 1986 y la historia detrás de él es bastante curiosa.
Resulta que tres años antes, en el año 1983, un joven llamado Jay Westervelt se encuentra en un viaje de investigación y en un momento dado se acerca a Beachcomber, una isla privada dentro de las islas Fiji.
Él se aloja en un hotel muy modesto, pero en un momento dado entra en un hotel de lujo para buscar una toalla limpia.
Es el momento en que ve un cartel en la puerta del baño que decí salva nuestro planeta.
Cada día se utilizan miles de litros de agua para lavar toallas usadas solo una vez.
Al joven Jay, que era un activista, este cartel aparentemente inocente le hizo explotar la cabeza y pensó ¿Cómo se puede ser tan hipócrita?
Porque resulta que la propia isla estaba luchando contra la destrucción de los arrecifes de coral y estaba luchando por preservar el medio ambiente, mientras que el hotel que tenía este cartel estaba poniendo en peligro la isla y su ecosistema con la enorme expansión que estaba haciendo.
Esto es un claro ejemplo de un negocio que por sus propias características, es contrario a la sostenibilidad.
Por mucho que te esfuerces en hacer sostenibles algunas partes del proceso, la actividad en sí no es sostenible.
Cuando habían pasado tres años, a este joven le pidieron que escribiera un artículo para una revista académica de Nueva York.
En este artículo acuñó el término greenwashing para hacer referencia a la intención del hotel de dar una imagen ecologista, aunque era una imagen falsa.
Pero evidentemente, lo que es la práctica de empresas haciéndose pasar por ecologistas para limpiar su imagen ya existía desde tiempo antes.
Un ejemplo que se considera paradigmático del greenwashing es una campaña de los 80 de la compañía petrolera Chevron, que era una de las empresas más contaminantes del planeta.
Pues bien, creó una campaña llamada People Do que se traduciría por La gente lo hace.
Con esta campaña pretendían dar la imagen de compañía respetuosa con el medio ambiente, verde y con un equipo que cuida el planeta y ama los osos, las mariposas y los zorros.
La voz del narrador explicaba el programa de Chevron para salvar esta especie amenazada.
Y le preguntaba a la audiencia de manera retó ¿Hace algo la gente para que un gramo de belleza sobreviva?
Que esa especie en concreto vivía en una zona donde estaba uno de los mayores pozos petrolíferos de Estados Unidos y donde estaba la refinería de El Segundo de Chevron.
Y está claro que nosotros, como consumidores tenemos que andarnos con mil ojos sobre los productos que compramos.
Y como dijo el Secretario General de la debemos tener tolerancia cero ante el lavado de imagen verde.
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