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Llegamos al final del tema del mes, donde hemos estado hablando de grandes tradiciones de la historia.
En este último episodio conoceremos a un hombre que, sin aparentarlo, jugó un papel crucial en un momento complicado de la historia.
Imagínate que por tu culpa se pusiera en jaque la seguridad de ese país y que murieran varias personas.
La verdad es que no se sabe, ni tampoco nos interesa saber mucho de su vida hasta el año 1962.
De antes podemos decir que nació en River Falls, Wisconsin, y que su padre trabajaba como analista de la CIA.
Pues que por recomendación de su padre, entra a trabajar en la CIA, pero en un puesto que nada tiene que ver con lo que nos imaginamos de esta agencia, ya que empezó como educador, era un trabajo que hacía mientras terminaba sus estudios.
La cuestión es que le pica el gusanillo, es decir, se despierta su curiosidad y sus ganas de seguir en ese mundo.
Va medrando en la agencia, va subiendo poco a poco y en el año 1969 le asignan su primera tarea como agente.
Para ello es trasladado a Ankara, en Turquía, para reclutar agentes vinculados con el comunismo para que trabajaran como agentes dobles.
En este punto es importante que paremos un segundo para poner el foco en el contexto histórico.
Como sabes, este es el periodo entre el fin de la segunda guerra mundial en 1945 y la caída de la unión soviética en 1991 durante este periodo hubo un enfrentamiento entre las dos grandes potencias y entre dos formas de entender el un bloque era el comunismo de la Unión Soviética y el otro el capitalismo de los Estados Unidos.
Entre ambas potencias había una tensión importante y una de las formas en que combatieron fue mediante sus agencias de inteligencia, la CIA estadounidense y el KGB ruso.
Pues bien, la verdad es que Oldrich no destacó mucho en esta misión y la agencia pensó que no estaba hecho para el trabajo de campo.
Allí él estudió ruso y fue asignado a planificar operaciones contra oficiales soviéticos.
Algo importante que debemos saber de este hombre es que Oldrich tenía graves problemas con el alcohol, problemas que afectaron de manera seria su trabajo.
Además, todo el mundo sabía que tenía relaciones fuera de su matrimonio de manera habitual.
Pero aun así, a principios de los años 80 es asignado a la embajada de los Estados Unidos en México.
Los problemas con el alcohol se fueron agravando y también conoció a Rosario Casas Dupuy, una mujer que trabajaba en la embajada colombiana y a la que la CIA había reclutado para que trabajara para ellos.
Esto llevaría a que cuando volvió a Estados Unidos se divorció de su primera mujer y se terminó casando con Rosario.
A estas alturas ninguno de nosotros tiene dudas de que Aldrich no parecía un gran agente y tampoco le favorecía la cantidad de problemas personales que tenía.
Pero a pesar de esto, de manera sorprendente, siguió creciendo en la CIA y a su regreso a Estados Unidos fue nombrado jefe de la rama de contrainteligencia para operaciones soviéticas.
Probablemente porque Eldrich Ames llevaba años trabajando en la división soviética, hablaba ruso y conocía el funcionamiento del KGB.
Nadie se detuvo a pensar que quizá no era la persona más fiable para un puesto tan sensible.
En este puesto tenía a su disposición todos los documentos relacionados con el contraespionaje.
Conocía las identidades reales de los agentes soviéticos reclutados por Estados Unidos.
Imagínate el poder de la información que tenía entre sus manos cuando una agencia como la CIA o la KGB busca espías que puedan traicionar a su país.
Es decir, que no sean capaces de decir que no a una proposición de la CIA o de la KGB.
Son cosas como problemas de dinero, problemas familiares, de trabajo o de adicciones.
Tenía que pagar a su exmujer una pensión, pagar las deudas de la pareja, así como deudas propias.
Además, parece ser que su nueva mujer estaba acostumbrada a un nivel de vida alto que requería mucho dinero.
Así que Aldrich tenía el caldo de cultivo perfecto para tomar la decisión que lo cambiaría todo.
El principio del FIN Ocurre el 16 de abril de 1985, cuando, tras tomarse unas copas para armarse valor, nuestro protagonista entra en la embajada Soviética de Washington, D C.
Pues mira, oyente, ese sobre contenía los nombres de varios agentes dobles y documentos que mostraban sus credenciales como miembro de la CIA.
Aldrich acaba de pasar de ser un agente mediocre de la CIA a ser uno de los activos más valiosos del KGB dentro de la agencia.
La cuestión es que Entre los años 1985 y 1993, con su información comprometió más de 100 operaciones de inteligencia.
Vendió a decenas de personas en la Unión Soviética y en países de Europa del Este.
Entre ellos, algunos nombres muy conocidos en el mundo del espionaje, como el del general Dmitry Poliakov.
Se calcula que los soviéticos, a lo largo de todos esos años, le pagaron unos 2,5 millones de dólares.
Mira lo que dijo más tarde el agente del FBI que lideró la investigación sobre Ames, Leslie G.
Y no creo que él intentara jamás hacerle creer a nadie que fue por algo diferente.
Y ya que estamos en una trama de espías, permíteme que te cuente algunas maneras que tenía de pasar información.
Weiser, si iba a hacer un depósito de correos antes hacía una marca con tiza en un buzón, por ejemplo, y los rusos la veían.
Entonces sabían que la transferencia de documentos se había realizado de forma segura.
Estaba claro que tenían un topo dentro de tenían a un traidor infiltrado y había que darle caza.
Y durante esa investigación para descubrir al topo, la CIA investiga a Oldrick porque su nivel de vida es más alto de lo normal.
Ten en cuenta, oyente, que esta persona no llegaba a los 70 mil dólares anuales de salario, pero pagó una casa de 540 mil dólares a contado.
Y se compró un Jaguar que conducía con total normalidad y que aparcaba en el aparcamiento de su trabajo sin ningún tipo de pudor.
Todo cambia cuando entra en la investigación el FBI, que centra sus esfuerzos en él.
Y desde el FBI pensaban que iba a aprovechar ese viaje para pedir asilo político a los rusos.
Les dio información completa de todo lo que había filtrado a cambio de una rebaja en la pena para su mujer.
De esta manera, confesó haber comprometido a prácticamente todos los agentes soviéticos de la CIA y de otros servicios de inteligencia extranjeros que conocía.
Y confesó haber facilitado a los rusos una enorme cantidad de información sobre las políticas de exterior, de defensa y de seguridad de los Estados Unidos.
Oldrich murió el 5 de enero de este mismo año a los 84 años, en una prisión federal en el estado de Maryland.
Él dijo que cuando vendió por primera vez información a los soviéticos, pensó que era una cosa de una sola vez.
Pero que al instante se dio cuenta de que había cruzado la línea y que nunca podría dar marcha atrás.
Pues algo que hemos visto a lo largo de todo este mes dedicado a las grandes Que la traición más peligrosa siempre viene de alguien en quien confías.
No conozco ningún otro espía o topo en Estados Unidos que haya causado tantas pérdidas humanas.
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