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Episodio 2 262 Adidas vs Puma Bienvenido a Hablamos, el podcast para aprender español.
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Seguimos con nuestro tema del mes, donde estamos conociendo algunas de las mayores rivalidades de la historia.
Imaginemos que estamos paseando por un centro comercial y decidimos entrar en una tienda de deportes.
Nos apetece comprarnos unas zapatillas de deporte y nos acercamos a esa inmensa pared donde están todos los modelos y las distintas marcas.
Finalmente reducimos nuestras opciones a dos en una mano tenemos unas Adidas y en la otra mano una espuma.
Pero piensa oyente, que mientras tenemos esa duda existencial de cuál comprar, en el fondo, en en ese momento, somos la representación de una rivalidad que viene de mucho atrás.
Así que mientras nos decidimos, vamos a dedicar este episodio a hablar de la rivalidad entre Adidas y Puma.
Adidas y Puma son sin duda dos de los grandes gigantes de la ropa deportiva y sobre todo del calzado deportivo.
Si te gustan las zapatillas de deporte, sabrás que estas dos marcas tienen estilos bastante diferentes.
Es más, si tú buscas la dirección de las sedes de estas dos empresas, verás que ambas se encuentran en un pueblo de Alemania llamado Herzogenaugach.
Y voy más allá, si lo buscas en un mapa, verás que las dos sedes están muy cerca la una de la otra, a unos 20 minutos a pie, en lados opuestos del río Auraj.
Como dato te diré que este pueblo tiene una población de aproximadamente 24.000 habitantes.
Así que tú estarás preguntándote por qué dos de las empresas deportivas más importantes del mundo, que además son rivales, tienen la sede en el mismo lugar.
Y nos tenemos que remontar al principio de todo, al matrimonio formado por Christoph y Pauline Dassler.
Christoph provenía de una larga familia de tejedores y tintoreros, aunque él terminó dedicándose a la fabricación de calzado.
Estamos a finales del siglo XIX y principios del XX, y es el momento en que estalló la Primera Guerra Mundial.
Lo que nos importa saber es que el país estaba en una gran crisis y Pauline, la madre, tiene que cerrar la lavandería.
En ese espacio que queda libre, uno de los hijos, Adolf, decide montar un taller de zapatería.
Un taller en el que contó con el apoyo de su padre y con lo que había aprendido en su nuevo oficio.
Adolf, al principio, se ganaba la vida vendiendo zapatos muy resistentes a los vecinos del pueblo.
Para empezar a producir ese calzado, Adolf recibió la ayuda de los hermanos Ceylin, hijos del herrero del pueblo, que le proporcionaban los clavos para fabricar zapatillas que permitieran correr al aire libre.
Juntos crean la empresa Gebrüder Dassler Schuhfabrik, que traducido sería Fábrica de calzado de los hermanos Dassler.
Los hermanos no se llevaban demasiado bien, pero tenían caracteres complementarios que hicieron que el negocio creciese como la espuma.
Adolf era más introvertido, pero era creativo y se dedicaba al diseño del calzado.
Rudolph, por su parte, era un auténtico comercial con buena intuición y era capaz de vender todo lo que se le ocurría a su hermano.
Estamos en los años 20 y el negocio de los hermanos Dassler les benefició que el deporte se estaba convirtiendo en un fenómeno de masas.
Ya no era algo que sólo practicaba la clase burguesa, sino que se extendía a todo el mundo.
El deporte se convierte en un alivio, en una válvula de escape para la clase obrera ante una vida complicada.
Era tal el auge, es decir, el crecimiento, que para el año 1926 el taller se les quedó pequeño y tuvieron que irse a uno más grande.
Con la llegada de Hitler al poder, como muchos empresarios de la época, se adaptaron al nuevo régimen.
Sabían que el gobierno fomentaría el deporte y ellos, como se suele decir, se subieron al carro.
Unos momentos más importantes para su marca llegaría en 1936 con los Juegos Olímpicos celebrados en Berlín.
Bajo la atenta mirada de Hitler, los hermanos se enteraron de que iba a competir una gran el corredor Jesse Owens, un velocista negro de Estados Unidos.
Se las arreglaron para que se pusiera sus zapatillas y con ellas puestas, Owens ganó cuatro medallas de oro y se convirtió en unas grandes leyendas del atletismo y de la historia.
No olvidemos que un corredor negro estaba venciendo ante la atenta mirada de Hitler en unos juegos que pretendían demostrar la superioridad de una raza.
Que Jesse Owens ganara con las zapatillas de los hermanos Dassler les dio una fama internacional.
Había rencillas personales, pequeños enfrentamientos y también una visión muy diferente del negocio.
Adolf quería centrarse en la calidad de las zapatillas y Rudolf quería vender más y más.
La fábrica pasó a producir material militar y los dos hermanos fueron llamados a filas.
Rudolph fue enviado al frente, mientras que Adolf consiguió volver pronto a la fábrica.
Rudolf siempre sospechó que su hermano había movido hilos para librarse del frente y dejarlo a él en la guerra.
Sospechaban que había colaborado con las SS y él estaba convencido de que había sido Adolf quien lo había denunciado.
Se dividieron la empresa y cada uno se quedó con una parte de las instalaciones, cada uno a un lado del río.
No sólo se dividía una empresa, se dividía una familia que jamás volvería a reconciliarse.
Y se dividía todo un pueblo, ya que los empleados tuvieron que posicionarse, tuvieron que elegir un bando.
De esta manera, Adolf funda Adidas, que es la contracción Adi, su apodo, y Dassler y Rudolf funda Puma.
De hecho, se la conocía como la ciudad de los cuellos doblados porque los vecinos miraban al suelo para ver qué zapatillas calzaba el otro antes de saludar.
La verdad es que a lo largo de la historia se han ido ganando terreno el uno al otro.
Por ejemplo, uno de los grandes hitos de la historia de Adidas fue en el Mundial de 1954 en Suiza, donde se produjo lo que se conoce como el milagro de Berna.
La selección alemana volvía a jugar una final tras varios años y lo hizo contra la temible Hungría.
Adidas les dio las botas de fútbol a los alemanes y estas fueron clave para la victoria.
Pudieron usar unos tacos de mayor agarre en un terreno embarrado, un terreno lleno de barro.
Puma, por su parte, está presente en unas fotos más icónicas del mundo del deporte.
Si buscas en Internet Tommy Smith y John Carlos en México 1968 te aparecerá la foto de estos dos atletas norteamericanos que en los Juegos Olímpicos de México 1968 se subieron al podio descalzos, con calcetines negros, agacharon la cabeza y levantaron el puño haciendo el saludo Black Power como protesta contra el racismo.
Si te fijas en la foto, al lado de sus pies están sus zapatillas, que son unas Puma.
Es decir, un acuerdo no escrito de no pujar por Pelé para el Mundial de 1970 para que los precios no se dispararan.
Y el gesto de Pelé antes del saque inicial del Mundial, agachándose para atarse las zapatillas mientras el mundo entero miraba, fue oro para Puma.
Y eso ocurrió en el año 2009, cuando los trabajadores de ambas empresas jugaron un partido amistoso en Herzog, en Aguach, la ciudad donde todo empezó.
Los equipos eran mixtos, es decir, cada equipo tenía miembros de las dos compañías.
Ambos están enterrados en el mismo cementerio, aunque eso sí, lo más lejos posible el uno del otro.
Y así termina la historia de una rivalidad que fue mucho más allá de una rivalidad entre empresas.
Fue una rivalidad entre hermanos que dividió a toda una familia y a todo un pueblo.
Una historia que nos recuerda, oyente, que a veces las mayores empresas nacen de las mayores desavenencias, es decir, de los mayores desacuerdos.
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