This transcript has been generated automatically.
Como siempre, hoy publicamos un episodio en abierto y otro episodio exclusivo para los suscriptores premium.
En el podcast Premium, Rebe y yo hablamos de un nuevo modelo de inteligencia artificial.
Ahora, en este episodio, Paco y yo charlamos sobre si nos hemos vuelto más exigentes como sociedad.
Pues porque estoy furioso, como te digo, porque acabo de volver a casa, he ido a hacer la compra, he ido al supermercado y he estado 5 minutos en un atasco.
Bueno, cinco minutos parecen pocos minutos, pero en cinco minutos puedes hacer muchas cosas.
Y te digo que estoy tan enfadado que si me encontrara al alcalde de la ciudad, le diría de todo menos bonito.
Uff, no sé, porque ahora con la ira que tengo, solo se me ocurren insultos horribles como bobo, tonto.
Dame unos segundos que quiero tranquilizarme, que estoy todavía muy nervioso por ese atasco, ¿Vale?
Porque el Paco que yo conozco hace unos años, quizá no se hubiera enfadado tanto por estar cinco minutos en un atasco.
Y nos queremos preguntar si somos más impacientes, exigentes, si perdemos la paciencia de una manera más rápida.
Un oyente que viva en una gran ciudad, imagínate un oyente que vive en Madrid, tiene que ir a trabajar al centro de Madrid, coge la M, que es una de las carreteras principales de Madrid y hay muchos atascos y Cada día está 30 minutos o 45 minutos en un atasco.
No, sí estoy contigo, Roi, A lo mejor estamos exagerando un poco con estos 5 minutos, pero como trabajamos en casa, como no estamos acostumbrados a estar en la carretera, Luego cuando estamos 20 minutos, 25 minutos en un.
Claro, alguien que viva Nueva York, te pones nervioso porque Tienes que esperar 10 minutos un atasco.
Es que claro, al final todo depende, yo creo, de las expectativas que tengas, porque no te vas a enfadar si estás en un atasco en Nueva York, porque sabes que tienes que esperar que haya atascos muchas veces.
En cambio, si en tu ciudad, en una ciudad pequeñita, tienes que esperar, pues ya es otra cosa.
Sí es que el ser humano es así, se adapta mucho a las expectativas y a la experiencia que tiene.
Entonces, lo que tú has dicho, si vives en una ciudad pequeñita y estás habituado a tascos de como mucho 3 minutos, el día que pasa algo, hay una obra o hay un accidente o cualquier cosa y estás diez, quince minutos, estás desesperado.
Pero bueno, vamos a ver entonces, Paco, más casos, más ejemplos en los que quizá nos hemos vuelto muy exigentes, quizás somos menos resistentes a los imprevistos o a la frustración.
Entonces, un ejemplo puede ser el tráfico, la gente a veces se desespera mucho al volante, en el coche.
Efectivamente, porque no sé si te pasa eso, Roi, pero nosotros cuando buscamos hoteles para las vacaciones, un punto a favor es que no haya atracciones para niños, porque queremos esa tranquilidad, no queremos niños llorando, gritando, corriendo de un lado a otro.
Es curioso porque sí que hay algunos hoteles que ponen específicamente que son solo para adultos.
¿Vosotros buscáis este tipo de hoteles o solo simplemente os fijáis si hay muchas atracciones para niños, toboganes, piscinas para niños pequeños?
Bueno, no sé si existe el filtro, pero sé que hay hoteles que dicen solo para adultos.
Gracias por la idea, Roi, porque a partir de ahora me estás dando una buena idea.
A ver, claro, algunos oyentes que nos escuchen, que tengan hijos y tal, quizá dicen joer, pues no me parece bien lo que dices, pero sí que es cierto que yo puedo entender que una persona que quiere ir a relajarse, a estar tranquilo, si vas a un hotel, estás en la piscina y hay muchos niños gritando y tal, por supuesto que los niños juegan y es bonito verlos y tal, pero también puede molestarte si tú estás buscando tranquilidad, echarte una siesta ahí en la piscina tranquilamente.
Creo que si son tus propios hijos no te van a molestar tanto como si son los hijos de otros.
Claro, pero te voy a decir una cosa, Está bien buscar hoteles sin niños, pero yo voy a subir un nivel, Paco.
Esto sí que sería bueno, porque yo voy al hotel, está lleno de turistas ahí hablando alto, con sus sandalias, con calcetines y eso es muy feo.
¿Somos tan exigentes que vamos de turismo a un sitio y lo primero que decimos qué cuánta gente hay aquí?
Siempre digo que no me apetece ir a Barcelona a ver, por ejemplo, la Sagrada Familia porque va a estar lleno de turistas ese lugar.
Pero bueno, nos gusta viajar, a todos nos gusta hacer turismo, pero sí que se ve un poco nuestra exigencia cuando hacemos mucho turismo y nos quejamos de que hay muchos turistas.
Y Paco, te he puesto el ejemplo así un poco de broma de hoteles sin turistas, pero mejor aún, hoteles sin huéspedes.
Porque yo a veces voy al hotel y claro, que si hacen ruido, que si molesta a la gente.
Bueno, entonces hoy estamos hablando de que nos estamos volviendo más exigentes, más impacientes, menos resistentes a la adversidad, a los pequeños problemas.
Me compro, no sé, algo que vale 5 euros y estoy ahí 4 horas leyendo reseñas para ver si es buena compra o no.
Claro, Roi, es que quieres como todos, quieres lo mejor y además lo quieres barato.
Ese ejemplo podemos verlo perfectamente con los restaurantes, Y es que antes de ir a un restaurante, mucha gente va a buscar entre las cientos de reseñas una reseña negativa, una crítica.
Y a lo mejor, como dices, hay 4000 reseñas y solo unas poquitas negativas, pero vamos a centrarnos más en esas negativas.
A ver, sí que es cierto que cuando ves ya un patrón, muchas reseñas negativas que comentan una cosa similar, una cosa parecida, pues ya puedes desconfiar.
A ver, antes no tenías estas herramientas, que también son muy útiles, y ya hablaremos más tarde de que esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes.
Pero bueno, por ahora, Paco, ya estamos viendo varios ejemplos de que somos más exigentes.
Y yo creo que esto de las reseñas también hace que se muera un poco la improvisación.
Sí, porque si ya te pones a ver, ya sea en hoteles, en restaurantes, donde sea, te pones a leer esas reseñas que hay, pues oye, cuando entras en la habitación, por ejemplo, del hotel, pues ya sabes perfectamente cómo es, ya has visto muchas imágenes, ya sabes los puntos positivos, negativos.
Sí, es una experiencia desagradable, horrible, pero es una sorpresa, es una aventura también.
Que no lo digo de broma, es medio broma, medio en serio, porque, joer, aunque yo no quiero estar en un hotel con cucarachas, cuando tú hablas con la gente y te cuenta sus historias, sus anécdotas, muchas anécdotas, son cosas malas, son retos, obstáculos, problemas, y ahora mismo estamos diseñando el mundo para que no haya ningún problema.
Entonces tú antes ibas a un hotel y de repente había una cucaracha, unas cuantas cucarachas y tal, una experiencia horrible, Tenías que discutir con el dueño del hotel o con el gerente, quizá tenías que cambiar de hotel, un rollo, pero bueno, luego tenías una historia bastante curiosa para comentar.
Ahora tú vas al hotel y no tiene el papel higiénico de tres capas y ya está, ya te quejas.
Y al final, de una manera u otra, estamos haciendo que los otros tengan una experiencia mucho más pobre porque van a tener todo ese conocimiento de lo que pasa en ese hotel.
Vale, lo de las cucarachas está bien que lo pongamos, que pongamos eso en las reseñas en Internet, pero bueno, no todas esas pequeñas tonterías, si el papel higiénico tiene tres capas o dos, o si había una toalla un poquito más pequeña de lo habitual.
Sí, o recuerdo en un hotel que se quejaban de que el recepcionista no hablaba su idioma.
Inglés supongo que no, pero imagínate, quizá era español y esa persona decía es que no hablaba español el recepcionista.
Pero vamos a ver, eres un turista, Si yo voy a Japón o Alemania o a donde sea y el recepcionista no habla español, no pasa nada, lo entiendo, no tiene que hablar todos los idiomas del mundo.
Pues nada, esa persona se quejaba que no hablaba español, además con acento madrileño, que era el acento que le gustaba.
Pero claro, yo cuando vi esa reseña pensé precisamente nos hemos vuelto tan exigentes que nos vamos de turismo a otro país y esperamos que el recepcionista hable nuestro idioma.
Es la aventura también, intentar entenderte sin hablar español, sin hablar inglés, intentar entenderte con gestos, con lo que sea.
A ver, que hoy en día tenemos traductores, hay un montón de cosas, pero bueno, vive un poco, hombre, la aventura.
Exactamente, Roi, tú lo has dicho y es que venga, vamos a seguir quejándonos, ya que estamos quejándonos ahora de ese madrileño que has mencionado ¿Tú sabes qué pasa?
Porque le molestan las palomitas, porque los niños están hablando, porque hay gente que se levanta continuamente y eso en casa no sucede.
Entonces estamos perdiendo algo que me parece muy valioso y es compartir la experiencia de estar en el cine y ver una película con otras personas.
No, o sea, claro, es que yo soy esta persona, Paco, este ejemplo se aplica muy bien a mi caso, porque a mí no me gusta ir al cine cuando hay mucha gente porque me molesta lo que tú dices, las palomitas, alguna gente que a veces habla o se ríe cuando no hay que reírse.
Claro, yo estoy ahí, yo soy un amargao, estoy ahí viendo la película, alguien se ríe, pero a mí el chiste no me hace gracia, entonces yo me enfado porque ¿Por qué se ríe ese tonto?
Claro, y después de eso, a partir de ahora no vuelvo a ir al cine, me quedo en casa y amargado, pero en casa, claro.
A ver, estoy un poco de broma, pero sí que es cierto que no me gusta cuando hay mucha gente en el cine, entonces suelo ir los días laborables, rollo un miércoles o un jueves, entonces es un día que hay menos gente y está más tranquilo.
Pero sí que tiene razón en lo de la experiencia compartida, no lo había pensado, pero sí que es cierto que el ejemplo que he puesto de broma, que una persona se ría cuando no tiene que reírse, pues es una forma de tener esa experiencia compartida y pensar, a ver, no tiene gracia, pero bueno, me hace gracia que otra persona se ría porque pienso qué tontería, ¿Por qué te ríes de eso?
La experiencia, sí a lo mejor tú no has pillado ese chiste y gracias a las risas de otro lo pillas, entonces esto es como ver un partido de fútbol en el bar, por ejemplo.
La experiencia compartida creo que te aporta más, a pesar de que no te puedas concentrar tanto en el partido, pero vas a compartir esas risas o esos momentos de felicidad de tu equipo o la tristeza, que creo que la tristeza compartida es menor porque ves que los otros están tristes porque ha perdido el equipo, pues tú estás triste pero no tanto porque hay otros que lo están más.
Claro, pues es verdad, al final estas experiencias son un poquito más sociales, pero como nos estamos volviendo muy exigentes, que es un poco la idea de hoy, pues nos molesta, porque estoy ahí en el cine y hay una persona comiendo palomitas y digo, ay Dios, para de comer palomitas, hombre.
Pero claro, Paco, aunque veas películas en tu casa, no estás libre de ser exigente, sigues siendo exigente en tu propia casa.
Porque ¿Qué pasa cuando estás ahí en Netflix, HBO, Disney Plus, la plataforma que sea, ¿Qué ocurre?
Bueno, que empiezas a ver una película después de haber pasado 40 o 50 minutos buscándola.
Entonces empiezas a ver una película y después de 5 o 10 minutos no te gusta porque dices que es muy aburrida.
Entonces incluso la experiencia de ver una película en casa no es tan buena, porque sabes que puedes parar la película y buscar otra que quizás te vaya a gustar más.
Entonces el resumen es que somos unos amargados en casa, en el cine, en cualquier sitio, cuando vamos a un hotel, a un restaurante, estamos buscando una excusa para quejarnos, para no disfrutar el momento.
Y a ver si lo comparas con el pasado, cuando no teníamos todas estas plataformas, yo me acuerdo de ver las típicas películas que echaban a las nueve de la noche más o menos, o a las diez, y había una hora de anuncios y la película era la que había, no podías elegir, había a lo mejor dos películas esa noche y tenías que elegir película A o película B, y generalmente las dos eran malas, sabes, o bueno, quizá no eran tan malas, pero hoy en día nos parecerían malas las dos.
Y cuando ya llevabas media hora viéndola, no podías cambiar y no dejabas de verla porque, oye, te parecía interesante, siendo mejor o peor.
Y el resultado era que al final veías una película de dos horas y se convertía eso en una experiencia de tres o cuatro horas, porque tenías que tragarte toda la publicidad.
Dabas por hecho que si querías ver una película en la tele tenías que estar ahí viendo la publicidad.
Y esto me hace gracia, porque tú podrías pensar, quizá esto de ser más exigente afecta sobre todo a los jóvenes, a las personas más jóvenes, quizá menores de 30 años o así, personas que no han vivido tanto esto de ver una película y tener tantos anuncios y no poder elegir la película.
Porque claro, puedes pensar, un joven que ha nacido ya en la época de Netflix ya es súper exigente, pero una persona más mayor, pongamos una persona de 60 años que ha vivido parte de su vida sin Netflix ni nada de esto, no será tan exigente.
Pero Paco, yo Veo gente de 60 años, por ejemplo mi padre, y también se han vuelto más exigentes.
Quizá no tanto como los más jóvenes de hoy en día, por supuesto que no, pero al otro día me hizo mucha gracia porque mi padre se quejó de que había muchos anuncios en Spotify.
Y claro, yo le pero papá, en tu época tú tenías que comprarte el disco y te valía sus 15 euros o sus 20 euros sí no tenía anuncios.
Y en este caso ya ni siquiera barato, sino gratis, porque tu padre no quiere pagar el premium.
Y yo digo, a ver, qué has vivido la guerra, Hombre, cómo te quejas de los anuncios de Spotify, tío, qué has vivido ahí en la guerra, en la dictad.
Oye, no exageres, hombre, que tu padre es de los 70-80, él no ha vivido ninguna guerra.
Sí que vivió un poquito de la dictadura, pero los últimos años, que no eran años tan duros como los del inicio, pero bueno, los abuelos sí que vieron la dictadura.
Sí, de hecho puedo comentarte que mis abuelos que vivían en el campo estuvieron hasta sus últimos días casi con una televisión en blanco y negro.
Hasta el 2007 o algo así estuvieron con la televisión en blanco y negro porque funcionaba.
Claro, no iba mucho al cine, pero bueno, seguro que algún vecino tenía una tele a color y sabían lo que era una tele a color.
Claro, pero mira ese caso, aunque otros vecinos tenían tela color y otra gente tenía tela color, no veían la necesidad de comprarlo.
Hoy en día, cuando tu vecino tiene algo un poquito mejor que tú, ya ostras, yo también lo quiero.
Entonces, esto significa que no sólo somos más impacientes, más exigentes, la palabra de hoy, sino que también somos más envidiosos,.
Seguramente, pero bueno, no lo tengo claro, porque la envidia es una cosa del ser humano desde hace siglos, no es algo nuevo.
Entonces la exigencia puede ser que sí, que sea más reciente, pero la envidia, Paco, es de toda la vida.
Y cuando somos pequeñitos y vemos que nuestro amigo tiene tres caramelos y nosotros tenemos dos, entonces vamos a por él a quitarle no un caramelo, sino los tres.
Y yo lo estaba pensando otro día, porque había pedido algo para comer a domicilio y ponía que llegaba en 40 minutos, pero se retrasó y cuando pasaron 40 minutos el pedido todavía no había llegado.
Y yo a partir de ahí ya contaba cada minuto, porque decía, si tú me Dices que en 40 minutos está en mi casa y ya han pasado 41 minutos, ya va un minuto de retraso.
Y claro, yo estaba pensando, qué exigentes nos hemos vuelto, o me he vuelto también, porque yo también me veía en esa situación.
Y yo estaba pensando en mis abuelos, que mis abuelos cuando querían pollo, comer un pollo frito, ¿Qué tenían que hacer?
Cuidado, porque este ejemplo es un poco brutal, pero es lo que se tenía que hacer.
Es así, nuestros abuelos mataban primero la gallina, la desplumaban, la preparaban la carne, luego tenían que calentar la cocina con leña, no tenían vitrocerámica, inducción, No, no, tenían que meter la leña, calentar la cocina y ya ahí sí que podían cocinar.
Y ahora tu pedido del KFC llega diez minutos más tarde o veinte minutos más tarde y estás desesperado.
Claro, porque nuestros abuelos mataban la gallina, pero pensando ya que se la iban a comer por la noche o al día siguiente.
Y bueno, si tardabas tres horas en cocinar, pues era lo que había, tenías que preparar la comida y tal.
Y ya que has comentado el ejemplo de la comida a domicilio que pediste, pues podemos pensar en cualquier compra en línea, cualquier compra a través de Internet.
Y es que estamos acostumbrados a que el pedido, la caja, el paquete nos llegue al día siguiente.
Y como no llega al día siguiente, madre mía, vamos a llamar a la compañía quejándonos que son unos vagos que llevamos esperando 30 horas y dijeron 24 horas.
Se me está ocurriendo algún tipo de negocio, web o lo que sea que te ayude a entrenar esto y a ser más resistente a estos pequeños problemas.
Entonces imagínate una web que te envía cosas pero que se retrasan siempre, siempre se retrasan los pedidos y te dice llega en 24 horas y llega después de tres días o cuatro.
Pero pagas precisamente por eso, pagas para que te entrene, para que te vuelva más resiliente esa web, ese servicio.
¿Sí, como dice Roi y en el pasado hace unos cuantos años, estabas acostumbrado a que algo que tenía que llegar de China llegase un mes más tarde?
Yo me acuerdo hace 10 años o así, o 15 años, comprar en Aliexpress y algunos paquetes se perdían, te devolvían el dinero, por supuesto, pero bueno, imagínate, ¿No?
Y es que nosotros tenemos, como profes, tenemos algunos estudiantes que se enfadan con nosotros porque no han logrado aprender español después de dos meses.
Y yo les digo a los no os desesperéis, que un idioma no se aprende en dos meses, se aprende en tres.
Y si quieren aprenderlo en dos meses, solo tienen que comprar nuestro curso de Aprende español en dos meses, que cuesta 300 euros, que aún no está.
Y bueno, pues si quieren Aprender español en un mes, pues que paguen el curso premium de 3.000 euros.
Y si quieres aprender español en un día, ahí ya tienes que pagarnos 30.000 euros y ya tenemos ahí un súper sistema que en un día aprende español.
Porque como que nos hemos quejado o hemos criticado que en general seamos tan exigentes, pero ahora para concluir tenemos este ¿Es malo ser exigente o no?
Uf, diría que hay una doble lectura aquí, una doble lectura de la exigencia o la impaciencia.
Creo que puede ser algo malo porque vas a ser más sensible a los imprevistos, a la imperfección, porque no hay nada perfecto.
Sí, estoy contigo, que como cada vez las cosas van mejor, los servicios tienen menos errores, menos imperfecciones, menos retrasos, nos acostumbramos a eso.
Entonces eso es lo malo, es la parte mala de que ser tan exigente poco a poco te hace poco resistente a los imprevistos, a las situaciones desagradables.
Pero hay una cosa buena y es que si no fuéramos exigentes las cosas no mejorarían.
Si tú vas a un hotel y hay cucarachas y no te quejas, el hotel bueno, pues está bien, mi hotel está genial, a los huéspedes le encanta.
Yo no me quejo, o al menos no digo nada en Internet no escribo ninguna reseña porque pienso pues si yo he sufrido eso, que también lo sufra el siguiente cliente, el siguiente huésped.
Bueno, a ver, ahora ya en serio, sí que creo que la exigencia tiene esa parte buena, que todos los servicios que tenemos ahora que funcionan tan bien, son precisamente porque somos exigentes y porque poco a poco se mejoran las cosas.
Y cuando, por ejemplo, en nuestro caso, un oyente se queja de algo y quizás un oyente un poquito exigente, aunque a ti te puede parecer un poco mal o puedes decir joder, qué exigente.
Por otro lado, hace que intentes mejorar y bueno, tengo que mejorar este pequeño error que hay en la web o en el podcast para que la gente no se queje.
Claro, si nadie se queja, pues no mejoro nada, porque si todo va bien no voy a cambiar nada.
¿Entonces podemos decir que en este podcast le damos la bienvenida a la crítica constructiva?
Quizá en el futuro todos los podcast tendrán autotune porque hay clientes muy exigentes.
No lo sabemos, por supuesto, pero sí que es interesante esta reflexión, que obviamente tiene cosas malas ser tan exigente, pero también el mundo avanza gracias a ser exigente.
Pues estoy de acuerdo como siempre, Roi, pero lamentablemente llega ya el momento más triste de este episodio.