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Hoy hablamos, episodio 2275 Ibn Batuta Bienvenido a Hoy Hablamos, el podcast para aprender español cada día.
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Inauguramos un nuevo tema del mes en el que conoceremos algunos de los exploradores más importantes de la historia.
Para empezar, viajamos a la Edad Media para conocer al que se considera el mayor viajero de aquella época.
El Islam se fundamenta sobre cinco el testimonio de fe, la oración, la limosna, el ayuno y la peregrinación.
Este último, el de la peregrinación, dice que todo musulmán debe viajar al menos una vez en la vida a La Meca.
Pues bien, hoy hablamos de una persona que salió de casa para cumplir con este precepto, pero cuyo viaje acabó prolongándose casi 30 años.
Antes de conocerlo más a fondo, hay que decir que lo poco que sabemos de él lo conocemos gracias a su rihla, que es la palabra árabe para definir un libro de viajes.
El suyo se llama Regalo de curiosos, sobre peregrinas, cosas de ciudades y viajes maravillosos.
Pero aun así, vamos a conocerlo un poco más y sobre todo, vamos a seguirle en sus viajes.
Pertenecía a una familia acomodada, lo que le dio acceso a la lectura, de la que se convirtió en un auténtico apasionado, y eso le hizo querer ver el mundo por sí mismo.
Así que con 21 años abandona su ciudad natal y se marcha de peregrinación a La mecanismo, tal y como él mismo narra.
Partí yo solo, sin tener compañero de viaje, en cuya compañía podría encontrar aliento ni caravana de la que pudiera tomar parte, sino influenciado por un impulso irresistible dentro de mí y un deseo de visitar estos ilustres santuarios.
Preparé mi propósito de dejar a mis seres queridos, mujeres y hombres, y abandoné mi hogar como los pájaros abandonan sus nidos.
Claro, imagínate la impresión que tuvo al ver ciudades como Alejandría, de la que dijo esta ciudad es una perla resplandeciente y luminosa, una doncella fulgurante con sus aderezos.
Eso sí, le llamó la atención el mal estado en el que se encontraba el famoso faro.
A Damasco la describió así la ciudad que supera en belleza a todas las demás ciudades.
Pues mira lo que dice un historiador sobre él ya no viajaba para realizar una misión religiosa, ni siquiera para llegar a un destino en particular.
Desde La Meca se une a una caravana de peregrinos que vuelven a sus casas y eso le lleva a descubrir tierras como Irak, Kurdistán e Irán.
Hay algo importante que debemos saber de era un hombre muy culto, muy leído y profundamente musulmán.
No es de extrañar entonces que a lo largo de sus viajes se dedicara a predicar el Corán o a trabajar como teólogo.
Pero por lo que él mismo cuenta en su relato, en muchas ocasiones tuvo que ejercer casi como juez, ya que gracias a su padre tenía amplios conocimientos de leyes.
Una vez de vuelta a La Meca, y tras pasar un tiempo allí, decidió que quería buscar trabajo con el sultán de Delhi.
Así que emprendió camino hacia la India, un viaje que le llevaría a atravesar lugares como Anatolia, que hoy en día es Turquía, Rusia y Afganistán.
En este recorrido, además, fue la primera vez que tuvo contacto directo con la cultura cristiana, sobre todo durante su paso por Constantinopla.
Por ejemplo, cuando cuenta cómo presenció la cremación del cadáver de un hombre y cómo la viuda se lanzó al fuego como muestra de lealtad, un gesto que daba honor a toda su familia.
Battuta vivió allí durante nueve años y su relación con el sultán fue cambiando con el tiempo.
Mira lo que dice un historiador al las conversaciones de Ibn Battuta con reyes eran de alguna manera los seminarios de administración de la época.
Pronto Battuta pudo contar a un rey cosas sobre otro, información que los reyes buscaban ansiosamente.
Al principio parecía ser su hombre confianza, pero poco a poco sintió que vivía bajo sospecha.
Es una montaña que, según la tradición, marca el lugar donde Adán dio su primer paso al ser expulsado del paraíso.
Después de China, debió de pensar que ya estaba bien por una temporada y decidió volver a casa.
Pero no a la Meca, que había sido su casa en los últimos años, sino a su tierra natal, a Tánger, Marruecos, esa ciudad de la que partió con 21 años.
De hecho, se cree que nuestro protagonista es uno de los primeros en describir esta terrible epidemia.
Habían pasado más de 20 años desde que se había ido, así que realmente no le quedaba mucho que le hiciera considerarla su hogar.
Su padre había muerto hacía 15 años y su madre también, precisamente por la terrible peste que asoló al mundo.
Cruzó el estrecho de Gibraltar y se plantó en Al Ándalus, lo que hoy sería el sur de la península ibérica, el sur de España, pero que en aquella época todavía estaba bajo el dominio del Islam.
Él lo cuenta así llegué al país de Al Andalus, al que Dios guarde, donde los sueldos son generosos para sus habitantes y donde hay grandes recompensas para residentes o viajeros.
De vuelta a su hogar, decide adentrarse en el África subsahariana, donde narra episodios como en el río vi un cocodrilo cerca de la orilla que era como una pequeña barca.
Y entonces un hombre vino y se plantó entre el cauce y yo me quedé asombrado por lo que me pareció una falta de educación y un descaro.
Finalmente vuelve a su tierra en 1352 y al enterarse de sus aventuras, el sultán Abu Inan le pide que escriba sus memorias, o mejor dicho, que se las dicte a un escriba.
Y se cree que murió en Fez en 1368 o 1369, aunque algunas fuentes lo sitúan algo después.
Existe un pequeño oratorio en Tánger al que resulta difícil llegar y del que pocos guías, y menos aún los turistas, tienen conocimiento.
Allí se dice que reposa entre blancas paredes uno de los grandes viajeros de la Edad Media, el tangerino Ibn Battuta, viajero del Islam.
Ten en cuenta que recorrió más de 120.000 kilómetros, visitó 40 países, atravesó tres continentes y conoció a más de 1.500 personas.
Además, su libro sigue considerándose aún hoy un testimonio vital para conocer el mundo árabe de aquella época.
Ivan Battuta, uno de los viajeros más extraordinarios de todos los tiempos, visitó China 70 años después de Marco Polo y de hecho, viajó casi 75 mil millas, 120 mil kilómetros, mucho más que Marco Polo.
No obstante, nunca se menciona Battuta en los libros de geografía utilizados en los países musulmanes, por no mencionar a los de Occidente.
La contribución de Ibn Battuta a la geografía es sin duda tan grande como la de cualquier otro geógrafo.
Sin embargo, los relatos de sus viajes no son fácilmente accesibles, excepto para el especialista.
Quizá la próxima vez que pienses en grandes viajeros recuerdes el nombre de este tangerino que recorrió medio mundo movido por el puro placer de viajar.
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