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Hoy hablamos episodio 2281 Florence Nightingale Bienvenido a Y Hablamos, el podcast para aprender español cada día.
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Juro solemnemente ante Dios y en presencia de esta asamblea, llevar una vida digna y ejercer mi profesión honradamente.
Me abstendré de todo cuanto sea nocivo o dañino y y no tomaré ni suministraré cualquier sustancia o producto que sea perjudicial para la salud.
Haré todo lo que esté a mi alcance para elevar el nivel de la enfermería y consideraré como confidencial toda información que me sea relevada en el ejercicio de mi profesión, así como todos los asuntos familiares de mis pacientes.
Este es el conocido como Juramento Nightingale, una promesa que tradicionalmente hacen los nuevos enfermeros.
Dos, el 12 de mayo es el Día Internacional de la Enfermería, también en su honor.
Pertenecía a una familia acomodada, de hecho eran británicos, pero sus padres viajaron mucho por Europa, de ahí que ella naciera en Italia.
La educación fue algo crucial para su padre y por eso tanto Florence como su hermana recibieron una formación que no era la habitual para las mujeres de la Inglaterra victoriana.
Florence le cogió el gusto a eso de estudiar y con 20 años empezó una lucha con sus padres para que le dejaran estudiar matemáticas.
Esto hoy nos parece una tontería, pero en aquellos momentos, hablamos de 1840, las mujeres no estudiaban matemáticas ni nada parecido.
Se dedicaban a aprender cosas que fueran útiles para señoritas de la alta sociedad.
Fue una gran estudiante, pero se dio cuenta de por mucho que se formara, debido a las convenciones de la época, no iba a poder ejercer nunca como matemática.
Así que decidió dar un viraje y dedicarse a una profesión que le permitiera trabajar y además cumplir con otro de sus grandes objetivos en la ayudar al prójimo.
Pero había un pequeño la oposición de su familia, sobre todo de su madre y su hermana.
Porque la profesión de enfermera estaba reservada en aquel entonces a mujeres de clase social más baja que la suya y con menos formación.
Lo que hizo fue formarse mientras visitaba centros sanitarios en sus múltiples viajes alrededor del mundo.
En esa formación, que ella anotó en sus diarios, fue aprendiendo no solo enfermería, sino también asistencia médica y el funcionamiento de distintos sistemas sanitarios.
De vuelta a Inglaterra consiguió su primer empleo en el año 1853 como superintendente en el Instituto para el cuidado de Señoras enfermas.
Allí mostró algunas de las características que la definirían como poner como prioridad a sus pacientes e implementar reformas para mejorar las condiciones del centro.
Por ejemplo, consiguió instalar agua caliente en las habitaciones y procuraba encontrar una casa donde trabajar a las mujeres que salían de allí, ya que la mayoría no tenían hogar.
Llegamos ahora a uno de los momentos cruciales de su vida y de su la Guerra de Crimea.
Fue una guerra que se desarrolló entre los años 1853 y 1856 y que enfrentó al Imperio ruso con la alianza del Reino Unido, Francia y el Imperio Otomano.
Aunque los aliados estaban venciendo, había muchas bajas porque la mayoría de los muertos se producía por tratamientos sanitarios deficientes.
Así que el secretario de Guerra del Reino Unido en era amigo de la familia de Florence, le pidió ayuda y para allí partió Florence en el año 1854 con un equipo de 38 enfermeras.
Cuando llegaron se encontraron un panorama desolador pero no solo por la guerra, sino por las pésimas condiciones sanitarias en las que estaban los enfermos.
Para que te hagas una idea, durante el primer verano allí murieron alrededor de de 4.000 soldados.
Y atención al dato, porque fallecieron 10 veces más soldados por enfermedades como el tifus, la fiebre tifoidea, el cólera o la disentería que por heridas propias del combate.
Pues imponer normas de salubridad que hoy son básicas, pero que entonces no estaban instauradas.
Cosas tan simples como instauró el lavado de manos, mejoró la ventilación y ordenó la limpieza de los vertederos contaminantes.
Además, creó una cocina y una lavandería para desinfectar la ropa de los enfermos, instaló agua potable y atención, llegó a comprar con su propio dinero alimentos y equipamiento para los pacientes.
Fíjate cómo lo describió The Times en 1855 sin exageración alguna, es un ángel guardián en estos hospitales.
Y mientras su grácil figura se desliza silenciosamente por los corredores, la cara del desdichado se suaviza con la gratitud a la vista de ella.
Cuando todos los oficiales médicos se han retirado ya y el silencio y la oscuridad descienden sobre tantos postrados dolientes, puede observársela sola, con una pequeña lámpara en su mano, efectuando sus solitarias rondas.
Esta imagen de ella visitando a los enfermos día y noche y alumbrada por la noche solo con una lámpara de aceite, fue lo que hizo que se la conociera para siempre como la Dama de la lámpara.
Pues echó mano de ellas para hacer entender al mundo que en cuanto a sanidad, había que cambiar las cosas.
Los números estaban ahí y el mensaje era se producen casi el doble de muertes por causas prevenibles que por causas derivadas de la guerra.
Estaba claro que había que cambiar el sistema sanitario, pero ¿Cómo hacérselo ver al resto del mundo?
Claro, tenía que encontrar una manera de que esas estadísticas las pudieran leer personas que no sabían de números.
Lo que hizo fue presentar los datos en un gráfico circular que hoy se conoce como diagrama Nightingale o diagrama de área polar.
No lo inventó ella, pero lo usó para presentar sus datos recopilados de manera visual y simple a quien tenía que verlos.
Pero antes de pasar a la reina, vamos a decir que Florence fue la primera mujer nombrada miembro de la Royal Statistical Society.
La cuestión es que una vez terminada la guerra, solicitó audiencia con la reina Victoria.
Y sí, la convenció de que había que instalar en los centros hospitalarios medidas higiénicas.
Florence fue las primeras en darse cuenta de que la higiene es clave para la salud.
Y más importante todavía, en el año 1860 fundó la escuela Florence Nightingale de Enfermería y Obstetricia, que hoy en día sigue existiendo.
Allí formó a mujeres jóvenes en la práctica de la enfermería basada en dos principios la práctica y la higiene.
Parece mentira que algo tan básico como la higiene en la sanidad alguna vez fuera una revolución, ¿Verdad, oyente?
En el año 1859 se publica su obra Notes on What it Is and What is Not, que en español sería Notas sobre enfermería, qué es y qué no es.
Una obra que fue la base para los estudios de enfermería de su escuela y también de otras escuelas.
Fíjate en lo que decía el prefacio del cada día tiene mayor importancia el conocimiento de la higiene, el conocimiento de la enfermería, en otras palabras, el arte de mantenerse en estado de salud, previniendo la enfermedad o recuperándose de ella.
Se le reconoce como el conocimiento que todo el mundo debe tener, distinto del conocimiento médico propio solamente de una profesión.
La reina Victoria le otorgó en el año 1883 la Real Cruz Roja y en 1907 el rey Eduardo VII hizo lo propio con la Orden al Mérito.
Por cierto, fue la primera vez que se le concedía la Orden al Mérito a una mujer.
Y así terminamos este episodio sobre una mujer que revolucionó la enfermería, la salud, que aportó grandes cosas a las matemáticas y la estadística, y que luchó por los derechos de las mujeres.
Creo que la mejor manera de terminar es con unas palabras de la propia Florence La observación indica cómo está el paciente.
La formación y la experiencia son necesarias para saber cómo observar y qué observar.
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