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Seguimos avanzando en el tema del mes, donde estamos conociendo a grandes exploradores de la historia.
Con la muerte del protagonista del episodio de hoy se dio por concluida la conocida como edad heroica de la exploración antártica.
Cuenta la leyenda que en diciembre de 1913 apareció en el periódico londinense The Times un anuncio que decí se buscan hombres para viaje peligroso.
Se dice que este anuncio lo puso Sir Ernest Shackleton para buscar tripulación para una de sus expediciones.
Y digo cuenta la leyenda porque hoy en día muchos historiadores creen que ese anuncio probablemente nunca existió y que forma parte del mito que rodea al personaje.
Pero real o no, refleja muy bien el espíritu de las expediciones de las que vamos a hablar hoy.
Ernest Shackleton nació en el año 1874 en Kilkia, una pequeña población irlandesa cerca de Dublín.
La vida que le esperaba era seguir los pasos de su padre, ser médico y llevar una vida acomodada.
A los 16 años decidió que su vida estaba en el mar, así que se enroló como grumete en un barco de vela.
Fue medrando puestos en la marina mercante hasta que en el año 1901 se empezó a preparar la Expedición Antártica Británica.
Nuestro protagonista fue nombrado tercer oficial del buque de la expedición, llamado el Discovery.
Poco después, además, fue nombrado subteniente en la reserva de la Real Armada Británica.
Esta expedición tenía objetivos científicos y y entre ellos estaba llegar al Polo Sur.
Pero debido a un cúmulo de desgracias y contratiempos, se quedaron a 857 kilómetros del polo sur.
Nuestro protagonista además se puso muy enfermo y tuvo que ser enviado a casa en el año 1903.
Pero se ve que el gusanillo de la exploración de la Antártida se le había metido en el cuerpo.
Así que en el año 1907 él mismo lideró una nueva expedición a la Antártida, conocida hoy como la Expedición Nimrod, por el nombre del barco.
Por un lado, en la isla de Ros consiguieron la primera ascensión al volcán Erbus, el volcán más activo de la Antártida.
Por otro, un equipo distinto de la misma expedición logró llegar hasta la zona del Polo Sur magnético.
Además, descubrieron un paso a través del glaciar Birmoor y cruzaron la cordillera Transantártica.
Y respondiendo a la pregunta que te estás haciendo, no, no llegó al Polo Sur, pero se quedó A tan solo 180 kilómetros de la meta, más cerca que ninguna expedición anterior.
Tanto es así que El rey Eduardo VII lo nombró comandante de la Real Orden Victoriana y le dio el título de Sir.
Por cierto, con el relato de esa expedición publicó un libro titulado Heart of the el corazón de la Antártida.
La siguiente gran expedición de Shackleton, y la más famosa de todas, fue la del año 1914.
Se llamó oficialmente Expedición Imperial Transantártica, pero hoy en día todos la conocemos por el nombre del barco que la protagonizó, el Endurance.
Resulta que En diciembre de 1911, el noruego Roald Amundsen ya había conquistado el Polo Sur.
Después de la llegada de Amundsen al Polo Sur, nuestro protagonista El descubrimiento del Polo Sur no supondrá el fin de la exploración antártica.
Partiría desde la bahía Basel, que se encuentra junto al mar de Weddell, y pondría rumbo al Polo Sur para terminar en la isla de Ross.
Esto era una gesta importantísima porque si lo conseguía, lograría tres hitos que nadie había alcanzado Ser el primero en cruzar el continente de lado a lado, el primero en hacer la travesía a pie y el primero en recorrer un territorio inexplorado de más de mil kilómetros, el que iba del mar de Weddell al Polo Sur.
Pues según se cuenta, respondieron más de 5.000 personas al llamamiento para esta expedición.
Por un lado, el Endurance, que iría hasta cerca de la bahía Vashelle, desde donde se iniciaría la travesía.
Por cierto, este barco se llamó así por el lema de la familia Shackleton, que era Bayendurance we conquer.
Por otro lado, el barco Aurora iría al lado contrario, entraría por el mar de Rosario hasta Estrecho de McMurdo, donde se establecería la base.
Pero además, y esto es parte fundamental de la expedición, esta segunda tripulación iría dejando provisiones por el camino para que las encontrara el equipo a pie una vez iniciada la travesía.
La expedición partió en agosto de 1914 desde Plymouth y tras hacer escala en Buenos Aires y Georgia del Sur, el 5 de diciembre puso rumbo a la Antártida.
Eso sí, les habían advertido de que las condiciones eran muy adversas y de que había muchas placas de hielo en el mar.
Pero Shackleton estaba decidido a cumplir su objetivo y partieron hacia su destino.
Tuvieron que lidiar con lo que se conoce como banquisas, que son enormes placas de hielo flotantes.
Como relataría Shackleton, me había preparado para condiciones difíciles en el mar de Weddell, pero contaba con que los bloques estarían más libres.
Lo que nos estábamos encontrando era hielo bastante denso y de un carácter muy obstinado.
Fueron avanzando poco a poco hasta llegar a avistar la costa continental de Coastland.
Pero finalmente, La noche del 18 al 19 de enero de 1915, el Endurance quedó atrapado en el hielo y estaba a tan solo 80 millas de su la bahía Basel.
Y así pasó el tiempo hasta que entre el 22 de julio y el 1 de agosto empezaron a romperse los primeros bloques Pero eso implicaba que el barco tenía que soportar muchísima presión.
Veíamos cómo enormes bloques de hielo se levantaban poco a poco hasta que salían disparados.
La cosa se complicaba por momentos y lo peor que podía pasar pasó el 24 de octubre.
Bajaron los suministros al hielo, pero no olvidemos que estaban sobre placas de hielo en medio del mar.
Intentaron por todos los medios salvar el barco, pero inevitablemente, el 21 de noviembre de 1915 se hundió.
Aunque intentaron caminar por el hielo hasta llegar a tierra firme, al final tuvieron que esperar a que estas placas de hielo los acercaran.
Llegó un momento en que hubo que tomar medidas desesperadas porque la placa de hielo donde estaban se partió y había que lanzarse al mar.
Lanzarse al mar rodeados de hielo, cansados, con hambre, débiles y con la salud mental pendiente un hilo y con temperaturas de hasta 30 grados bajo cero.
Cinco días después llegaron a la isla Elefante, que estaba nada más y nada menos que a 550 kilómetros del lugar donde se había hundido el Endurance.
Aquí Shackleton cogió el toro por los cuernos y eligió a cinco hombres con los que se lanzó a recorrer los 1280 kilómetros que los separaban de las estaciones balleneras de Georgia del Sur.
Y así, montados en el más grande de los tres botes salvavidas emprendieron el viaje.
Fueron 15 días de navegación terrible, con tormentas y huracanes, pero finalmente el 8 de mayo avistaron tierra.
Tenían que llegar hasta el otro lado de la isla, que es donde estaba la estación ballenera, pero su estado solo les permitía una opció atravesar la isla por tierra.
Fueron 36 horas atravesando 51 kilómetros de terreno montañoso con picos de más de 1.200 metros de altura y con ese frío tan terrible de la Antártida, el 20 de mayo llegaron por fin a su destino.
Imagínate cómo estarían a esas alturas que nuestro protagonista, que no era un hombre religioso, dijo no tengo duda de que la Providencia nos ha guiado.
Yo sé que durante aquella larga y terrible marcha de 36 horas sobre las montañas sin nombre y glaciares, a menudo me parecía que éramos cuatro y no tres.
La cuestión es que a partir de aquí pudo rescatar a todos sus hombres y todos volvieron a casa con vida.
De vuelta a casa fue recibido como un héroe por su liderazgo y por haber conseguido mantener a sus hombres a salvo ante tantas desventuras.
Durante un tiempo se dedicó a dar conferencias, pero cansado de esa vida, decidió organizar una nueva expedición.
Esta lo llevaría de nuevo a la Antártida, pero el 5 de enero de 1922, estando en Gritbiken, en Georgia del Sur, preparándose para el viaje, le dio un infarto y terminó falleciendo allí mismo.
Y así terminó la vida de un explorador que actuó como un gran líder en una expedición que, como dice una historiadora, tuvo un final feliz, pero a cada minuto estuvo en riesgo de terminar siendo un desastre.
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