This transcript has been generated automatically.
Hoy hablamos episodio 2289 Donald Crowhurst Bienvenido a Y Hablamos, el podcast para aprender español.
Cada día tenemos más de 2.000 episodios en nuestro catálogo y publicamos un episodio del podcast Premium cada viernes.
Hemos llegado al último episodio del Tema del mes, donde hemos hablado de grandes exploradores.
Y como colofón, vamos a conocer una historia que nos muestra la cara oculta de las grandes expediciones, la de los que no lo consiguen.
Recuerdo que hace varios años vi un cartel donde se leí El éxito es un juego de la mente.
Y lo cierto es que la mente juega un papel fundamental a la hora de conseguir cosas, porque puede ser nuestra mejor aliada o nuestro peor enemigo.
Solo hay que ver cómo, por ejemplo, en un partido de tenis, grandes jugadores han perdido torneos porque su mente ha podido con ellos en ese momento.
Teniendo eso en cuenta, a menudo cuando se habla de exploradores y de grandes gestas, se cuentan historias de vencedores, de batallas ganadas, pero no se habla del enorme poder mental que hace falta para conseguir esas victorias, ni de todos aquellos que lo intentaron y no lo lograron.
Así que hoy, para terminar este tema de grandes exploradores, vamos a centrarnos en uno que no lo consiguió, en uno en el que la batalla la ganó la mente.
Es el año 1968 y el periódico británico Sunday Times anuncia una competición llamada el Golden Globe, que reta a navegantes valientes a completar la primera vuelta al mundo en solitario y sin escalas.
Para conseguirlo, los participantes debían partir de un puerto británico entre el 1 de junio y el 31 de octubre de 1968, recorrer el Atlántico de norte a sur y volver al mismo lugar dando la vuelta al mundo y, como ya hemos dicho, en una navegación en solitario y sin escalas.
Pues bien, uno de los nueve participantes fue nuestro protagonista de Donald Crowhurst.
Donald era un veterano de la Real Fuerza Aérea británica, ingeniero electrónico y navegante aficionado, que en ese momento tenía una empresa de equipos electrónicos al borde de la quiebra.
Convence a su principal inversor de que poner dinero en el barco es la mejor manera de recuperar la inversión.
Por un lado, van a usar el barco como una especie de campo de pruebas para las innovaciones de su empresa.
Por otro, si gana el premio, llegará dinero y la visibilidad puede hacer que suba el valor de la compañía.
Pero todo esto tiene un pequeño riesgo para el préstamo tiene como aval la empresa.
De esta manera se hace con un trimarán, un velero de tres cascos y dos palos al que llama Ten Mouth Electron.
Aunque alcanzaba buena velocidad, no era muy seguro con el mal tiempo de alta mar.
Por otro, él jamás había llevado un barco así y además no estaba del todo terminado.
Pero claro, la competición tenía una fecha límite y Crowhurst se lanzó al mar el último día permitido, el 31 de octubre de 1968, desde Temouth, Inglaterra.
En el momento inicial, podemos decir sin miedo a equivocarnos que Crowhurst era un optimista.
Su plan era el atravesar el Atlántico, llegar a Sudáfrica, pasar el Cabo de Buena Esperanza, cruzar el Índico hasta el sur de Australia, atravesar el Pacífico, doblar el Cabo de Hornos y regresar a casa por el Atlántico.
Todo esto, según sus cálculos, en 130 días, lo que supondría hacerlo más rápido que nadie.
Pero la realidad se empezó a imponer al poco tiempo y el barco empezó a mostrar sus fallos y carencias.
Este maldito barco se está cayendo a pedazos Por falta de atención a los detalles técnicos, en ese momento se dio a sí mismo un 50 de posibilidades de sobrevivir si seguía en las mismas condiciones.
Y aquí empieza el juego mental en la cabeza de nuestro protagonista y su enfrentamiento a un debate moral.
Solo tenía dos la primera, abandonar con todo lo que eso suponía, no sólo la ruina económica para su familia, sino también la humillación porque la prensa se había volcado con su aventura.
Y decidió dar vueltas por el Atlántico Sur durante varios meses y falsificar los datos de su posición.
Imagínate lo que tuvo que ser para su cabeza estar a todas horas calculando posiciones irreales mientras él no se movía del mismo sitio.
Además tenía que estar atento a las previsiones meteorológicas para dejar constancia en el cuaderno de bitácora, inventándose unas condiciones que en realidad no estaba viviendo.
Así que llega un punto en el que cree tener la mentira bien atada como para dar una ubicación que parezca real.
Un día comunica que ha recorrido 243 millas en 24 horas, algo que supondría un nuevo récord mundial para un navegante en solitario.
Él seguía dando vueltas por el Atlántico, pero para el mundo ya había pasado el Cabo de Buena Esperanza y se dirigía al Océano Índico.
Pero para sostener esta mentira no solo tenía que hacer un sinfín de números y cábalas, también tuvo que apagar la radio para que no interceptaran su señal.
Vuelve a comunicarse el 9 de abril para decir que se está aproximando a la isla Diego Ramírez, una isla pequeña cerca del Cabo de Hornos.
De verdad que no me puedo imaginar la disociación que tenía que tener esta persona en la cabeza, porque estaba viviendo dos carreras a la vez, una real y otra completamente ficticia.
Pero mientras él está en su mundo y en su propia carrera, la carrera oficial se sigue disputando.
Por ejemplo, que el navegante que iba en cabeza abandona y el foco se pone sobre él.
Y ese era su mayor temor, que todo el mundo se fijase en su historia y al final se diesen cuenta de que había mentido y descubrieran toda la verdad.
Su cabeza empezó a ganar la batalla y ese aislamiento, el mar y las mentiras le pasaron factura.
En las últimas semanas, sus escritos se aceleraron y se volvieron cada vez más erráticos e indescifrables.
Escribe teorías como que la humanidad ha alcanzado tal grado de evolución que ya es capaz de fundirse con el cosmos, o intenta crear una nueva filosofía en la que el ser humano pueda encontrar una salida ante situaciones imposibles.
Su última entrada es del 1 de julio y dice así solo abandonaré este juego si aceptas que la próxima vez que este juego se juegue, se jugará de acuerdo a las reglas que han sido ideadas por mi gran Dios, que por fin ha revelado a su hijo no solo la naturaleza exacta de la razón de los juegos, sino que también ha revelado la verdad de cómo terminará el próximo juego.
El 10 de julio de 1969, su barco fue encontrado a la deriva y vacío frente a las Azores.
El barco estaba vacío, los botes salvavidas en su sitio, y no había señales de que una ola lo hubiera tirado por la borda ni de que hubiera tenido un accidente.
No se sabe muy bien qué pasó, pero todo parece indicar que su mente ganó la batalla final y que al verse desesperado, sin salida, preso de una mentira de la que no era capaz de escapar, simplemente acabó con su vida, saltó el barco y se ahogó.
Dijo haber recorrido 243 millas náuticas y todo apunta a que murió el día 243 del viaje.
Me vas a permitir que termine este episodio con las palabras de Tasita Deen, que escribió un libro sobre Donald Crowhurst.
Dice así si preguntamos a cualquiera sobre Donald Crowhurst, lo más normal será que se hable de fraude y engaño del hombre que fingió dar la vuelta al mundo.
Pero en realidad, la historia de Donald Crowhurst tiene más de integridad que de falsedad.
Durante mis investigaciones sobre el viaje de Crowhurst, en muchas ocasiones he considerado su decisión final y he reflexionado sobre la mentira.
Al final de El corazón de las tinieblas, Marlow miente a la prometida de Kurt porque la verdad, la terrible verdad de la muerte de Kurt, es demasiado cruda e insoportable.
Podía haber continuado engañando al mundo, lanzar por la borda todos sus cuadernos de bitácora o simular un accidente en alta mar, pero eligió la verdad, la gran belleza de la verdad.
Recuerda que puedes hacerte suscriptor premium para escuchar el catálogo completo de este podcast, donde tenemos miles de episodios como el que has escuchado hoy y el podcast premium donde Rebe y yo hablamos cada viernes.