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Hoy hablamos episodio 2290 la tulipomanía bienvenido a Hoy Hablamos, el podcast para aprender español cada día.
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Hace unas semanas estuve en Ámsterdam, en los Países Bajos, y Rebeca y yo fuimos a un parque de tulipanes Precioso.
Hoy veremos cómo esta belleza de los tulipanes y también la codicia humana llevó a que estas flores valiesen una fortuna.
El pintor flamenco Jan Bruegel el Joven pintó en el siglo XVII un cuadro llamado Una alegoría de la Tulipomanía.
En él se ve cómo unos burgueses convertidos en monos, vestidos como ricos, gastan todo su dinero en tulipanes mientras celebran grandes banquetes y cuentan montones de monedas.
A unos los llevan ante la justicia, otros caminan hacia su propia tumba, otros lloran y otros orinan sobre tulipanes que ya no valen nada.
Luego la analizaremos con calma, pero a modo de introducción y para que sepamos todos por dónde van los tiros del episodio, te diré que la Tulipomanía está considerada la primera gran burbuja especulativa de la historia.
Se llama así porque el producto con el que se especuló hasta niveles estratosféricos fueron los tulipanes.
Como te puedes imaginar, igual que toda burbuja, terminó explotando y eso llevó a algunas personas a la ruina.
Pero ¿Qué te parece si conocemos esta historia con más detalle para entenderla bien?
Estamos en el siglo XVII y los países Bajos son unos territorios de Europa con más bonanza económica.
Esto ocurrió, entre otras razones, porque mientras otros países mantenían una política económica más conservadora, los Países Bajos se abrieron al comercio y se pusieron a la vanguardia del capitalismo mercantil.
Gracias a eso, su población creció y además surgió una burguesía pudiente que, como toda burguesía, tenía gustos exquisitos.
Ahora volveremos a los Países Bajos, pero primero tenemos que conocer al verdadero protagonista de esta el tulipán.
Era un producto exótico que surgió primero en la zona de Kazajistán y más tarde en la actual Turquía.
El encargado de llevar esta flor a Europa fue un embajador austriaco llamado Ogier Giselin de Busbek, al que enviaron al Imperio Otomano, la actual Turquía, en el año 1554.
Este hombre se quedó tan fascinado con la belleza de los tulipanes que durante su estancia mandó algunos bulbos a Viena, a la corte del emperador Fernando I de Austria.
Déjame que haga un inciso aquí, porque según se cuenta, fue precisamente este embajador quien hizo que en Europa conociéramos esta flor como tulipán.
Parece ser que estando en Turquía, vio un hombre que llevaba un tulipán en el turbante y le pidió a su traductor que preguntara cómo se llamaba aquello.
El traductor, creyendo que se refería al turbante, le dijo que se llamaba tulbend, que significa precisamente turbante.
Habíamos dicho que el embajador Busbek había traído los tulipanes a Europa, ¿Verdad?
Pues bien, es el momento de que entre en escena el botánico flamenco Carolus Clusius, unos más importantes de su época y además, buen amigo de Busbek, que le envió algunos de aquellos bulbos.
Clusius trabajaba en los jardines imperiales de Viena y cuando se marcha a los Países Bajos se lleva unos cuantos ejemplares allí los cultiva y se convierte en el gran especialista europeo en esta flor.
Años después, en 1593, llega a Leiden para ponerse al frente de su recién creado jardín botánico, el Ortus Botanicus, fundado en 1590.
Como curiosidad te diré que a día de hoy es el jardín botánico más antiguo de los Países Bajos y uno de los más antiguos del mundo.
El caso es que Clusius siembra tulipanes y la gente, los burgueses y las personas adineradas se vuelven locos con la belleza de esa flor desconocida y la adquieren en su jardín.
Así empieza a cultivarse el tulipán en los Países Bajos para vendérselo a una clase social pudiente.
Y es que no olvidemos una por aquel entonces, los jardines y las plantas que tenías en ellos eran toda una cuestión de estatus social.
Además, con estos tulipanes pasaba algo podían ser de un solo color, uniformes, o tener vetas de otros tonos, como si alguien los hubiera bordado con hilo.
Y estos últimos, los de las vetas, los diferentes, eran mucho más difíciles de conseguir.
Lo curioso es que esa rareza se debía en realidad a que la planta estaba enferma.
Aquellos tulipanes tan especiales solo se podían reproducir a través de los bulbos, nunca de las semillas.
Pero esos tulipanes especiales eran muy demandados y los cultivadores sabían que había gente dispuesta a pagar auténticas fortunas.
De hecho, se dice que Hacia el año 1630 los tulipanes eran el cuarto producto más exportado desde los Países Bajos.
Había un sector de la población que quería esos tulipanes raros a cualquier coste.
En cuanto se plantaban los bulbos ya había contratos de venta para las flores futuras.
Es decir, tú firmabas un contrato con un cultivador en invierno y recibías el producto en verano.
Las personas que tenían un contrato firmado por esos tulipanes que les darían en unos meses, empezaron a ¿Y si vendo este contrato antes de que salga el producto?
Es decir, firmas el contrato que te da derecho a tener esos tulipanes dentro de unos meses, pero vendes ese contrato, vendes ese derecho de tulipanes futuros y al venderlo ganas dinero sin esperar a la cosecha.
Y como los precios subían tanto, la gente compraba estos contratos para venderlos después de unos meses y ganar mucho dinero.
Así se creó todo un mercado de compraventa de tulipanes que ni siquiera existían todavía.
A esta forma de comercio la llamaron wind handle, que se podría traducir como venta de aire.
Se especulaba tanto con estos contratos que se crearon puestos de venta solo para ellos, aunque lo normal era cerrar los tratos en las tabernas.
Para que nos hagamos una idea de cómo estaba el mercado, vamos a ver algunas cifras comparativas.
Digamos primero que el salario medio de un trabajador neerlandés en ese momento estaba entre 12 y 13 florines al mes.
Pues bien, hacia 1635 el precio de un único bulbo de la variedad más demandada llegó a los 2.500 florines.
Y en el punto álgido se llegaron a vender 40 bulbos por 100 mil florines, una cantidad con la que se podían comprar, por ejemplo, 10.000 ovejas.
Mucha gente se dio cuenta de que aquella locura con el precio de los tulipanes no podía durar para siempre.
Las cabezas más frías entendieron que estaban comprando algo que en el fondo estaba en el aire y que seguramente los compradores finales nunca iban a pagar tanto dinero por unas simples flores.
En febrero de 1637, en la ciudad de Haarlem, un comerciante puso a subasta casi medio kilo de bulbos por 1250 florines y no encontró ni un solo comprador.
El mercado se desplomó y por mucho que se intentara, ya no había forma de recuperar la inversión.
Dicho esto, durante mucho tiempo se ha contado que la burbuja fue tremenda y que arruinó a muchísima gente.
Pero algunos estudios más recientes matizan bastante esa idea y apuntan a que en realidad no fue para tanto.
Las personas que invirtieron de verdad eran un grupo muy concreto de la sociedad, gente que ya tenía dinero.
Sí, sufrieron pérdidas, Algunos se arruinaron, pero precisamente por su posición pudieron asumirlas mejor o peor.
Y además, tampoco era un producto tan abundante, porque la burbuja afectó a esos tulipanes raros.
Así que el golpe al conjunto de la economía fue más limitado de lo que se suele pensar.
Esa imagen de la clase trabajadora arruinándose por culpa de los tulipanes parece que no se ajusta del todo a la realidad, sobre todo porque esa gente no tenía dinero para invertir en un primer momento.
Pero lo que sí podemos decir, sin miedo a equivocarnos, es que la tulipomanía se convirtió en un símbolo.
En un símbolo de los peligros, de la codicia descontrolada, de querer ganar dinero rápido sin pararse a pensar.
¿Ves como ahora, oyente, ese cuadro del principio, el de los monos vestidos de burgueses, cobra todo el sentido?
Y déjame lanzarte una pregunta para que le des ¿Crees que hemos aprendido algo desde entonces o seguimos cayendo una y otra vez en las mismas burbujas?
¿Algo de lo que ocurre hoy en día no te recuerda un poco a esto de los tulipanes raros?
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